Desde Miami

De vuelta de la Segunda Guerra Mundial, Charles Lazarus creyó que la explosión de la generación de los baby boomers podía ser un negocio fenomenal si emprendía la fabricación de muebles para chicos. Se instaló en Washington DC bajo el nombre de Children Supermart y allí sembró el embrión de Toys "R" Us, la juguetería que se convertiría pocos años después en una de las más famosas del mundo.

Hoy, 70 años después, Toys "R" Us está cerrando sus operaciones en los Estados Unidos, casi ochocientas tiendas, y está dejando en la calle a más de treinta mil personas. También dejarán de existir las operaciones en Francia, España, Polonia y Australia. Las tiendas de Canadá se intentarán vender. Si esa operación avanza, quizás puedan salvarse 200 tiendas en Estados Unidos mediante adición al paquete canadiense. Pero, en principio, Toys "R" Us es historia.

La empresa se había presentado en convocatoria en septiembre y, según su CEO, David Brandon, había chances de salir a flote. Pero las ventas de la temporada de Navidad y fin de año fueron el golpe fatal. El resultado fue tan bajo que la iliquidez terminó matándolos.

Toys "R" Us no pudo competir con las compras en línea vía Amazon y las ofertas de supermercados como Walmart y Target; sucumbió aun pese a las muestras de cariño que generaciones de norteamericanos manifestaban por ella.

Imaginen por un momento esta situación en la Argentina. Una empresa de 70 años, fabricante histórico de la industria nacional, ¡de juguetes!, ¡de productos para chicos! La sensiblería nacional hubiera estallado por los aires: piquetes, planes de lucha, toma de los lugares de trabajo, en fin, la amplia pléyade de razones por las que, precisamente, no hay trabajo en el país.

Probablemente los 30 mil empleados norteamericanos de la compañía consigan otro trabajo antes de que la empresa termine de honrar sus propias gift cards dentro de un mes. La dinámica de la economía norteamericana es tan grande que, así como se destruyen empleos, se crean. El capitalismo fue definido genialmente como una "destrucción creativa". En efecto, los tiempos, la innovación, la creatividad y la competencia destruyen empleos. Pero esos mismos pilares económicos los vuelven a generar instantáneamente.

La tasa de desempleo norteamericana actual es de 4,2%, es decir, lo que los economistas llaman pleno empleo técnico. ¿Y quién ha conseguido ese milagro?, ¿el populismo de la "justicia social"? No, la destrucción creativa del capitalismo.

Imaginen a la Argentina en la época en que Thomas Edison inventó la lamparilla eléctrica. Obviamente, habría una floreciente industria nacional de velas. ¿Qué se supone que debía ocurrir para salvar las fuentes de trabajo de los fabricantes de velas? ¿Someter al país al atraso? Pues, bien, eso es lo que hubiera ocurrido si el sistema jurídico laboral actual hubiera estado vigente cuando Edison consiguió, luego de más dos mil intentos, hacer que la bombita no se incendiara en su laboratorio de invierno en Fort Myers, Florida.

Hace dos años una de las tiendas de deportes más importantes de los Estados Unidos, Sports Authority, con 14 mil empleados, también cerró. Ni uno solo de esos trabajadores duerme hoy en la calle. Como tampoco lo harán los que trabajan para Toys "R" Us. Esa es también otra de las demagogias sensibleras que moldeó una mentalidad miedosa, pusilánime, ideal para que unos cuantos vivos la exploten a su favor con el cuento de defender trabajadores. Es el capitalismo el que defiende a los trabajadores, porque es el capitalismo el único sistema que crea trabajo abundante y bien pagado. Lógico: el capitalismo funciona con base en la innovación y la innovación destruye lo antiguo, pero crea más riqueza por la superación tecnológica.

Es la educación, entonces, la llave que los países tienen para preparar a su gente y darle las herramientas que superen la lágrima, fácilmente explotable por los populistas, los demagogos y los vivos. La cuestión no es llorar, ni apelar a golpes bajos, ni a frases hechas que endulcen los oídos de la gente. La cuestión es generar una base de innovadores que preparen a la gente para tomar la posta de trabajos nuevos cuando los viejos mueren. No es prohibiendo la lamparita eléctrica como se van a salvar los que fabriquen velas. Los que fabriquen velas van a desaparecer como desapareció Toys "R" Us. No hay nada que pare la ola de la modernidad y menos aún si la gente aspira a vivir bien.

Aspirar a vivir bien y tener un orden jurídico que congele la elasticidad laboral es una pretensión contradictoria, porque lo único que produce un nivel de vida elevado es la libertad de cambiar. Si la libertad de cambio está prohibida por la ley, tendremos miles de personas desfilando en piquetes interminables por las calles del país, pero trabajo no va a haber. Y buena vida tampoco. Parece mentira que luego de 200 años el país deba seguir recibiendo estas lecciones para chicos; estos palotes iniciales que explican cómo se genera progreso.