Argentina tiene la mayor tradición en América Latina en energía nuclear. De concretarse realmente el acuerdo con China, sería una propuesta superadora para nuestro país y la región. En este nuevo viaje presidencial a China se buscará cerrar nuevamente un acuerdo con condiciones favorables de financiamiento para las centrales IV y V.

En concreto, China otorgará fondos para la construcción de Atucha III, que se levantará en un predio lindero a las dos centrales similares que ya funcionan en Lima, provincia de Buenos Aires. La central V no se ubicará en la misma zona, se están explorando otras ubicaciones. Potencialmente la localidad de Sierra Grande, en la provincia de Río Negro, es la que más está sonando por estos días.

La inversión prevista alcanzará los 12.500 millones de dólares. El crédito chino para la construcción de Atucha III y la quinta central nuclear tendrá un plazo de 20 años, con un período de gracia de ocho, es decir, se empezará a pagar cuando la planta ya esté funcionando y generando energía. Lo importante de esas nuevas centrales es que crearán oportunidades de negocios y empleo genuino, además de representar un gran aporte a la matriz energética nacional en estos tiempos donde estamos en emergencia eléctrica.

Dadas las características del acuerdo, la decisión de los chinos de no participar en la construcción de Atucha III abre automáticamente la posibilidad de que buena parte del desarrollo sea con empresas argentinas generadoras de miles de puestos de trabajo. Tal como está planteado el proyecto, cerca del 40% de los insumos pueden ser aportados por firmas locales. Hay compañías que se podrán hacer cargo de ciertas fases de la obra civil y aportar equipamiento de medición y hasta algunos generadores de vapor, dado que hay empresas que desarrollan esta tecnología en el país luego de la exitosa construcción y desarrollo de Atucha II.

La incidencia de las nuevas centrales nucleares será notoria en la matriz de la Argentina. Atucha III va a tener capacidad de 745 MW, mientras que la quinta central, que todavía no tiene nombre, tendrá una potencia de 1.150 MW.

Una vez en funcionamiento, elevarán a 11% el aporte energético al sistema nacional. Una expansión importante teniendo en cuenta que, en la actualidad, apenas supera el cuatro por ciento.

Con esta realidad Argentina puede responder concretamente a la Agenda del Cambio Climático establecida en Convenio de París firmado por el presidente Mauricio Macri para mejorar el cuidado responsable del planeta y potenciar con toda la fuerza del valor instalado en su capital intelectual altamente calificado.

Con estas dos centrales el objetivo es bajar a 40% la generación eléctrica basada en el uso de combustibles fósiles que son muy contaminantes para el medioambiente. Hoy en la Argentina estamos en el orden del 66 por ciento. La energía nuclear, combinada con otras opciones, nos permitirá llegar a esa meta en alrededor de dos décadas.

Estamos ante una nueva oportunidad de generar energía limpia, empleo genuino y un ambiente sostenible para las próximas generaciones. Una oportunidad con tres ejes de resultado a largo plazo que benefician al país. No se la puede dejar pasar.

 

El autor es director ejecutivo del Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica que realizó el Estudio de Impacto Ambiental para la Extensión de Vida de la Central Nuclear de Embalse.