Marco Lavagna (Foto Diego Soldini/GENTE)
Marco Lavagna (Foto Diego Soldini/GENTE)

¿Su padre, Roberto, va a ser candidato a presidente en 2019?

–(Enfático) No.

–Se dijo la semana pasada…

–El piensa que es tiempo de los más jóvenes. Pero siempre va a estar apoyando. Además, hay una situación familiar: primero habría que convencer a mi madre… y después a él.

–Capaz que si Bélgica –la patria de su mamá, Claudine– sale campeón del mundo, la agarran en un buen día y la convencen.

–Jaja, quién dice… Igual, tampoco se debe caer en la idea de los salvadores mesiánicos. Hay que tener acuerdos y consensos políticos. Si no, terminamos en esquemas personalistas y nunca explota el potencial del país.

–De todos modos, para nosotros se acabó el Mundial. Ahora, el VAR lo ponemos de nuevo en la situación económica. ¿Por qué no se les encuentra solución a la suba del dólar y a la inflación?

En economía las cosas van juntas, como en un motor: si se rompe una pieza, no funciona bien. El Gobierno asumió con un diagnóstico y una solución equivocadas, con la idea de que vendría una lluvia de dólares y que la salida del cepo no traería problemas.

–La salida del cepo fue elogiada por casi todos…

–Sí. Pero supusieron que salir del "modelo Moreno" (Guillermo, secretario de Comercio entre 2006 y 2013) a una economía que se iba a ajustar sola no tendría impacto en los precios. La salida del cepo fue bien hecha desde el punto de vista del mercado cambiario, pero le erraron en los precios. Devaluaron y metieron un gran tarifazo. ¿Resultado? El Gobierno volvió, el año pasado, a una inflación igual a la que había antes de salir del cepo. Y el remedio para bajarla fue subir la tasa de interés. Tampoco dio resultado en materia fiscal: no hubo reducción de los déficits. A 12 millones de argentinos se les sacó plata con el tarifazo, y en vez de ahorrarla se la dieron a 250 mil tipos que cobran intereses de la deuda. No hubo política antiinflacionaria. El "efecto derrame" no funciona en países como la Argentina. La política del gobierno anterior, que sólo veía la pata del consumo, fue tan equivocada como la del actual, que sólo esperó la inversión extranjera y el derrame.

–Plata vino, aunque no a la producción.

–Exacto. Hoy, el Gobierno no sabe salir de su círculo vicioso: tiene que darles señales a los mercados para que le den plata, los mercados piden un ajuste cada vez más grande –que termina recayendo sobre la economía real– y la plata que entra se va por el lado financiero. Entonces uno dice "cortá con lo financiero"… pero hay que financiar el déficit. Y a esa vuelta no le encuentran la salida.

–¿Y dónde está la salida?

En una política económica de crecimiento. Donde lo primero que crezca sea el mercado interno. Pero no sólo el consumo: debe haber un incentivo a las pymes para invertir, porque ahí está la creación de trabajo. Ese debe ser el objetivo. Lo demás son parches.

–¿Quién está hoy en condiciones de hacer inversiones productivas?

–Nadie. El mercado interno está deprimido. Siete de cada diez puestos de trabajo los generan las pymes. El 95 por ciento de las éstas le venden sólo al mercado interno. Así, por más que suban algo las exportaciones por la devaluación, no alcanza. Un ejemplo: anunciaron líneas de crédito para pymes. ¡Las votamos hace un año y medio y no las implementaron! ¿Sabés cómo se financian hoy las pequeñas y medianas empresas? Con descuento de cheques… Pero ahora te cobran el 60 por ciento. Así es imposible. La economía debe tener tres patas: consumo, exportaciones e inversión. Sin eso hay problemas de estabilidad económica. Si la variable de ajuste sigue siendo ponerles un techo a los sueldos y subir las tarifas, no hay solución. La única salida a la crisis es que la gente tenga plata en el bolsillo. Tampoco hablo de emitir, ojo: no digo volver atrás. Pero el Gobierno debe dar un giro de 180 grados en su política económica.

–Siempre se dice que la Argentina no genera los dólares suficientes para cubrir ese déficit. ¿Cómo los puede obtener?

–Con exportaciones, que desde hace varios años están estancadas. Tenés un déficit de cuenta corriente (la entrada y salida de dólares), que pasó de 2,5 puntos en 2015 a 5 puntos hoy. Esa diferencia se financió con entrada de capitales especulativos, que así como entran se van. Y cuando esos fondos se fueron con las LEBACS, tuvimos un supermartes.

–Cuando acordaron con el FMI dijeron que se solucionaba todo…

–No digo que sea lo mismo, pero en 2001 pensaron eso con el Megacanje. El Fondo no presta plata: propone programas económicos… o se los acepta a los países, digamos, y da dinero mientras se implementan, para asegurar la estabilidad financiera. Es para que si alguien se va con su plata, al otro día el país tenga respaldo para dejarlo que se vaya.

–Cada vez que hay una crisis así, alguien gana. ¿Quiénes son los triunfadores esta vez?

–El ala financiera. Los más ricos, que tienen más información, ganan. Son fondos provenientes de afuera y hacían el carry trade: venían con dólares, compraban pesos, los ponían en LEBACS a tasas altas, y como el tipo de cambio se mantenía estable, sacaban la plata, compraban dólares y se iban. Hicieron ganancias muy grandes. Ahora, con la devaluación, aprovechan la Bolsa. Con las caídas y subas que tuvimos las últimas semanas, la cantidad de plata que ganaron algunos actores fue fenomenal. Obvio, las que terminan pagando esa ganancia son la clase media y la trabajadora.

–El Gobierno dijo que la crisis de confianza comenzó cuando se votó la ley para retrotraer tarifas. Y usted tuvo mucho que ver con la redacción de esa ley, que luego vetó el Presidente.

–Primero, el Gobierno tiene que dejar de buscar culpables. Sabemos que la situación que heredó era complicada, y le dimos todas las herramientas que pidió. Pero llega un punto donde ya no sirven las excusas de la herencia o que el otro me miró feo. La gente los votó para que den soluciones. En el tema particular de las tarifas, hasta hace dos semanas éramos irracionales y demagógicos porque queríamos que subieran junto a los sueldos. Quince días después se dan cuenta de que algo deben hacer con ellas. Claro, ahora deberán explicar por qué vetaron la ley. Hay cálculos de aumentos de hasta un 70 por ciento, y no creo que se apliquen.

Por Hugo Martin