“Hacha” (1972/1978) de Horacio Zabala
“Hacha” (1972/1978) de Horacio Zabala

Que se pergeñó en la Antigua Grecia, que su etimología dice que es "el poder del pueblo", que en la Edad Media pululó clandestina entre sociedades urbanas y campesinas, que fue clave en la construcción de los Estados-Nación, que en el siglo XX fue la antesala del totalitarismo y en el XXI se volvió un chicle demasiado masticado, casi sin gusto. De la democracia sabemos muchas cosas y podemos decir muchas más, sin embargo hay una pregunta que no deja de repiquetear en la cabeza del mundo: ¿es realmente el sistema organizacional más justo que hemos podido confeccionar?

Cuando las respuestas no aparece, quizás lo mejor es recurrir al arte. Y si se quisiera montar una muestra artística que intente —al menos intente— dar cuenta del complejísimo entramado de sentidos que se despliegan a partir de lo que entendemos y deseamos como democracia, ¿cuántas obras, salas, pisos, debería tener? El CCK, fiel a su estilo abarcativo, se lo propuso. Y se podría decir que lo logró. Democracia en obra, que inauguró el viernes pasado, es una exposición densa y extensa, colectiva y multidisciplinaria, que se alberga en todas las salas del segundo y cuarto piso.

Recorrer todas las instalaciones, todas las obras —son más de treinta artistas, entre nacionales e internacionales— es una tarea que se parece más a un safari confuso pero reflexivo que a una caminata pedagógica. Lleva su tiempo, pero lo vale.

“Salón” (2007/2008) de Pierre Ardouvin
“Salón” (2007/2008) de Pierre Ardouvin

La sala 203 es la primera parada. En la pared, un cielo celeste inmenso y una inscripción entre las nubes: "Estamos condenados al éxito". Abajo, a metros, un mapa argentino —un fragmento, la llanura pampeana— tiene sobre sí un hacha clavada. Dentro de una caja de vidrio, esa herida, ese golpe, es inevitable. También hay banderas altas y coloridas sobre barriles de pintura, mapas mundiales dibujados a mano y quemados en la República Argentina, una pared dibujada con pequeños círculos que dicen "forever inmigrant", un film turístico sobre la micronación llamada Zaqistan, un tocadisco con un legajo judicial en el medio y una serie de cuadritos verdes pseudo villeros. Todo esto en la primera de las diez salas. Todo esto es el comienzo.

Puede que cuando uno sale del recorrido, en el celular aparezcan varias notificaciones y la hora sea una sorpresa del tiempo. Entonces aparecen los recuerdos que —como lo que son: recuerdos— distorsionan la experiencia y se amontonan incompletos. Sobresale, en el magma de lo vivido, una sala de videos que se parece a un cyber y tiene detrás, en tamaño gigante, otra inscripción, inolvidable: "¿Qué es la democracia?" Otra sala repleta de colores, retazos, cuadros y las herramientas con que se hicieron esos cuadros repone la celebración de la diversidad étnica, religiosa y sexual.

La 206, de repente, es una performance inquietante: un hombre, frente a la mirada atónita del público, se echa agua en la cara y la cabeza de un balde entre sus piernas; a su alrededor, lo básico: agua, pan y un libro. En otra sala, la última del segundo piso, cuelga un dólar gigante hecho de clavos, hay piedras sobre libros cerrados, una vitrina con los tres tomos de El Capital de Karl Marx y un letrero que dice, con mucha habilidad, "Misterio de Economía".

“Merca (Dollar)” (2005) del dúo Mondongo (Foto: Laura Szenkierman)
“Merca (Dollar)” (2005) del dúo Mondongo (Foto: Laura Szenkierman)

En el cuarto piso, entonces, arranca la segunda parte de este gran viaje por nuestros entusiasmos y desencantos, tal como indicó Gabriela Urtiaga, la curadora general del CCK. Hay un cuarto oscuro y pequeño con un banco en el medio: de un lado proyectan una película donde una mujer es quemada en la hoguera y, del otro, dos palabras que ocupan toda la pared: "No violarás". Aparece también el Manifiesto Errorista donde se reivindica "la falla como perfección, el error como acierto", fotos del Siluetazo que se realizó en la Marcha de la Resistencia el 21 de septiembre de 1983, tres meses antes que asuma Raúl Alfonsín y se restablezca en Argentina esta democracia que ya lleva 35 años ininterrumpidos.

También esculturas de hombres caricaturizados peleando con armas dentro suyo, como si las necesitaran, no sólo para agredir, sino también para respirar. Casas miniaturas como maquetas, pero a medio construir; la escultura de un hombre cucaracha que camina por una pared de ladrillos; una sala con un sillón, una mesa ratona y una alfombra, todo partido al medio, como si una guillotina gigante dividiera en dos la solidez íntima del hogar. "Una de las virtudes de la democracia es el conflicto", dijo durante el recorrido Ana María Battistozzi, del equipo curatorial de esta muestra —lo completan Laura Buccellato y Renato Rita—, y ahí aparece una clave.

“Doscientos pesos fuertes” (2011) de Cristina Piffer
“Doscientos pesos fuertes” (2011) de Cristina Piffer

Instalaciones, pinturas, esculturas, intervenciones, performances, videoarte y fotografías. Todo eso conforma un corpus que, pese a ser una ensalada multidisciplinaria y por momentos avasallante, logra la interpelación, y lo hace desde diferentes paraguas conceptuales: el territorio, el estado, el gobierno y la utopía hasta la diversidad, el conflicto, la libertad y la verdad.

Los artistas nacionales son, por orden alfabético, Hugo Aveta, Franco Basualdo, Amaya Bouquet, Martín Carrizo, Chiachio & Giannone, Andrés Denegri, Juan Carlos Distéfano, Eduardo Gil, Karina Granieri, Grupo Etcétera, Carlos Herrera, Alicia Herrero, Liliana Maresca, Gustavo Marrone, Marta Minujín, Mondongo, Luna Paiva, Margarita Paksa, Federico Manuel Peralta Ramos, Cristina Piffer,Liliana Porter, Mica Priori, Liv Schulman, Pablo Suárez y Horacio Zabala.

“Cucaracha” (2003) de Pablo Suárez (Foto: Gustavo Sosa Pinilla)
“Cucaracha” (2003) de Pablo Suárez (Foto: Gustavo Sosa Pinilla)

Y los internacionales: Pierre Ardouvin de Francia, Yael Bartana de Israel, Emilio Chapela de México, Regina José Galindo de Guatemala, Marco Godinho de Portugal, Voluspa Jarpa de Chile), Zaq Landsberg y Sofía Gallisá Muriente de Estados Unidos y Puerto Rico, Antoni Muntadas de España, Oliver Ressler de Austria y Pablo Uribe de Uruguay.

Luego del safari artístico dentro de las gruesas paredes del CCK, la pregunta inicial —si realmente la democracia es el sistema organizacional más justo— no deja de repiquetear en la cabeza del mundo. Sigue ahí, latente e inquieta, y se perfecciona, se vuelve más incisiva, se hace más inteligente, más grande y se abre aceptando que no hay un cierre definitivo en el saber, mucho menos en el que intenta actuar sobre la experiencia. La pregunta aún está ahí, y hay que convivir con su presencia. Es que en todo caso, un sistema que no permite ser interrogado, ser cuestionado, ser debatido, ser diseccionado, no merece llamarse democrático. Ahí hay, quizás, un atisbo de respuesta.

 

* Democracia en obra
De miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20 horas
CCK – Sarmiento 151 – CABA
Entrada libre y gratuita

 

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