Timothée Chalamet como Elio, en “Llámame por tu nombre”
Timothée Chalamet como Elio, en “Llámame por tu nombre”

Durante la adolescencia, el verano resulta una estación del año sumamente paradójica. Por un lado, parece vibrar al ritmo de una energía vitalista que dispara las emociones hacia un mañana lleno de posibles aventuras y de futuro. Las horas siempre parecen empujar en una sola dirección: para adelante. Sin embargo, por otra parte también carga con un pathos de nostalgia insalvable en su interior, en su esencia. Como si en ese centro neurálgico, todo lo que ocurra en el verano será percibido como inolvidable y estará marcado a fuego en la memoria. Incluso en el momento mismo de vivir la experiencia: el filtro por el que se observan las vivencias del verano es de color sepia.

Si a este marco se le suma la aparición real del amor con todo lo que eso significa para cualquier corazón, es posible que estemos frente a una verdadera revolución existencial. Lo memorable hace su aparición. Es en este sentido que la película Llámame por tu nombre de Luca Guadagnino, que transcurre, por supuesto, durante un verano, consigue plasmar desde el mismo comienzo una imagen perfecta (con sus colores, sus texturas y sus modos visuales contemplativos) que logra transmitir un clima sugestivo, sensual, epidérmico y que a su modo anticipa mucho de lo que después veremos en las acciones de los personajes.

Verano de 1983, en algún lugar de Italia. Un estudiante universitario de 24 años llamado Oliver llega a la residencia del profesor Perlman y su esposa. El plan es darle la posibilidad de vivir en un hogar confortable, lleno de espacio y con un contexto natural estimulante durante unas cuantas semanas para que pueda terminar su tesis de grado sobre el filósofo Heráclito. A cambio de esto, debe ayudar al profesor Perlman con la organización de su documentación laboral y a contestar sus cartas. El profesor tiene un hijo de 17 años, Elio. Que sabe tocar varios instrumentos (piano y guitarra), es un gran lector, también políglota (habla inglés, francés e italiano) y transcribe música. Entre ellos dos, el joven Elio y el ya adulto Oliver nace, en principio, una atracción física.

Dice Elio, el narrador de Llámame por tu nombre de André Aciman, el libro que se distribuye por estos días en la mesas de novedades de las librerías de Argentina y en el cual está basada la película: "La palabra amistad se me vino a la cabeza. Pero la amistad, como la define todo el mundo, me era ajena, algo improductivo que no me interesaba en absoluto. En cambio, lo que yo había querido desde el momento en que se bajó del taxi hasta que nos despedimos en Roma era lo que todos los humanos suplican a los demás, lo que hace que la vida sea vivible. Tendría que salir de él primero. Después, posiblemente, de mí."      

Armie Hammer como Oliver, en “Llámame por tu nombre”
Armie Hammer como Oliver, en “Llámame por tu nombre”

En esta primera etapa de la relación entre Elio y Oliver todo es puro (y por momentos extremo) deseo por parte del joven. Oliver parece dispuesto a explorar lo que se pone en el camino: la gente del lugar, la casa, el paisaje, en definitiva: la vida en estado de presente. Y es en ese tránsito de observador que muy pronto Elio se encuentra con la pasión: "Existe una ley en algún lugar que dice que cuando una persona está totalmente enamorada de otra, es inevitable que la otra lo esté también. El amor no exime de amar a quien es amado", palabra de Francesca en el "Inferno". "Solo tienes que aguardar y tener esperanza. Yo la tenía, aunque quizás esto fuese lo que he querido todo el tiempo. Esperar para siempre."

La actuación de Timothée Chalamet como Elio, en esta primera parte de la película es insuperable. Porque dice poco, y las pocas palabra que usa son rudimentarias, pero su interioridad atraviesa momentos de fulgor exuberantes. Se está enamorando. Es por eso que Timothée Chalamet debe expresarlo todo con su mirada que está saliendo a la vida, a las experiencias novedosas, a destronar lo conocido para aterrizar con desconcierto (pero seguro) en la tierra de la novedad. Fue una gran adaptación lo que se produce porque deja que el uso del tiempo funcione en muchos niveles: para construir el vínculo, cada vez más profundo, entre Elio y Oliver, para que el espectador sea cooptado paso a paso por la historia, y para que cuando suceda el encuentro entre  Oliver y Elio se produzca lo que Aristóteles llamaba catarsis: dándole a los espectadores la posibilidad de redimir sus propias pasiones al verlas representadas en la pantalla.

Portada de “LLámame por tu nombre” de André Aciman (Alfaguara)
Portada de “LLámame por tu nombre” de André Aciman (Alfaguara)

Desde esta perspectiva, mientras que en la película Elio se comporta como un flaneur de la vida de Oliver –lo observa con intensidad e intenta acercarse lo más que pueda-, en el libro de André Aciman, el joven suma a esto la inmersión en el lenguaje que traía consigo Oliver. Es decir, se trata de una fascinación a muchos sentidos: físico, intelectual, estético, y lingüístico. Así empieza la novela: "¡Luego! Una palabra, una expresión, una actitud. Nunca había escuchado a nadie utilizar 'luego' para despedirse. Me resultó arisco, seco y despectivo, dicho con la velada indiferencia de alguien a quien le daría igual no volver a verte o no saber nada de ti."   

Narrada por una primera persona caótica y sumida en el flujo constante de sentimientos que desbordan a Elio, Llámame por tu nombre de André Alciman elige la perspectiva de quien está en el proceso de descubrimiento, abriéndose a las experiencias del mundo erótico. Ese es otro puente muy acertado en la dirección de Luca Guadagnino: utiliza una cámara testigo que sigue en todo momento el rostro y el cuerpo de Timothée Chalamet para poder descifrar sus sensaciones, aquello que lo motiva y sus intenciones. Y esto tuvo que ver con la elección del mismo autor de la novela, junto al veterano Jame Ivory, para la adaptación cinematográfica: permitir que la extrema sensibilidad que atraviesa la conciencia descarnada de Elio en la novela se filtre en la película y lo haga con un lenguaje propio.

"¿Es mejor hablar que morir?" lee Elio en un cuento. Son palabras que le dan vuelta la cabeza y lo ponen contra las cuerdas. Lo que le sucede tiene que tener alguna resolución. Y, además, esa es la frase-llave que le permite –al fin- ingresar al riesgo de lanzarse a la revelación de lo que siente por Oliver. Que el impulso para arrojarse a la aventura erótica, a la acción demorada, provenga de un libro, nos dice mucho del espíritu que late en esta historia: la cultura letrada, parece decirnos, es el motor de las fuerzas naturales más atrapantes que existen. Desde el sexo hasta la construcción de bibliotecas, el conocimiento (de uno mismo y del entorno más próximo o lejano) está en todos lados. Lo que hace falta para llegar a él es tomar una decisión, tener ese instante de la locura que implica actuar en base a un sentimiento.

Escena de “Llámame por tu nombre”, ganadora del Premio Óscar a mejor guion adaptado
Escena de “Llámame por tu nombre”, ganadora del Premio Óscar a mejor guion adaptado

El 11 de marzo, en el diario El Día de La Plata, el arzobispo Héctor Aguer firmó una crítica sobre Llámame por tu nombre. Ahí decía cosas como: "La morosidad romántica, que alarga desmedidamente la película, ofrece al espectador instancias intermedias de la creciente cercanía de los dos varones; señalo en particular la escena en la que Oliver, notando la tensión del muchacho en un contexto deportivo, toca sus hombros y su cuello en una suerte de masaje que lo afloje. El masaje es un mensaje. Era preciso a Guadagnino, el director, demorarse para indicar la progresión del enamoramiento; en el tiempo oportuno que responde al ritmo de la narración, después de los paseos en bicicleta y el nadar juntos, sobrevendrán las caricias y los besos. En la escena que considero central y a la que ya he aludido, se replican, pero en acción, los desnudos de Praxíteles. Siempre sin violencia alguna, con 'naturalidad'; la seducción que se verifica entre los protagonistas parece destinada a embargar el ánimo del espectador. Se ostenta delicadamente, paso a paso, la naturalidad de lo antinatural."

Monseñor Héctor Aguer
Monseñor Héctor Aguer

Conviene detenerse, un segundo, no más, en la última oración: "Se ostenta delicadamente, paso a paso, la naturalidad de lo antinatural." La obsesión de algunos representantes de la Iglesia Católica por establecer ciertos patrones de comportamiento en el siglo XXI (qué es natural y qué es antinatural) significa que no hubo ninguna toma de conciencia del avance de los tiempos ni se le prestó atención a la forma que tienen las sociedades de ejercer sus libertades individuales y cómo llevarlas a cabo.

Desde esta perspectiva, una película que exhibe una historia de amor bien contada es percibida por un Arzobispo como la exaltación de lo antinatural porque el amor y el sexo se dan entre dos varones. Incluir en el análisis el género de los protagonistas estrecha cualquier perspectiva de análisis real y abarcativo en detrimento de argumentos vacíos como el arte de los sofistas griegos.

Timothée Chalamet como Elio en “Llámame por tu nombre”
Timothée Chalamet como Elio en “Llámame por tu nombre”

Llámame por tu nombre de Luca Guadagnino tuvo varias nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película (más que merecido aunque lo perdió) y mejor guión adaptado (hubiera sido vergonzoso que no se lo dieran) que ganó. 

Sobre el final, el padre de Elio, cuando el verano y el amor entre su hijo y Oliver estaban por terminar, le dice algo importante y conmovedor: "La forma de vivir tu vida es cosa tuya. Pero recuerda, nuestros corazones y nuestros cuerpos solo nos los entregan una vez. La mayoría no podemos evitar vivir como si tuviéramos dos vidas, una es la maqueta a escala, y la otra es la versión final, y luego están todas las adaptaciones intermedias. Pero solo hay una, y antes de que te des cuenta tienes el corazón gastado, y en lo que respecta a tu cuerpo hay un punto en el que nadie se fija, y muchos quieren acercarse a él. Ahora sientes pena. No envidio ese dolor. Pero sí envidio que puedas sentirlo ahora."

Ese diálogo siempre fructífero entre papel y celuloide, encontró en Llámame por tu nombre una conversación ideal alrededor del amor, del verano y de lo inolvidable de ciertas experiencias.

 

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