Imagen izquierda: Rooster Bogle en 1960 cuando fue sentenciado a prisión en Texas por robo. Imagen derecha: Bobby Bogle a la izquierda y Tracey Bogle a la derecha en la Penitenciaria Estatal de Oregón
Imagen izquierda: Rooster Bogle en 1960 cuando fue sentenciado a prisión en Texas por robo. Imagen derecha: Bobby Bogle a la izquierda y Tracey Bogle a la derecha en la Penitenciaria Estatal de Oregón

"Rooster Bogle llevaba a sus hijos a visitar una prisión cerca de Salem, Oregon, donde vivían y les decía, 'Miren con cuidado, chicos, porque cuando crezcan, es aquí donde van a vivir'".​

Estados Unidos – Una Navidad, cuando todavía era pequeño, el padre de Bobby Bogle, Rooster, le regaló una llave inglesa de metal envuelta en una bolsa marrón de papel. Confundido, Bobby de cuatro años, no sabía qué hacer con el regalo, hasta que recordó a su padre contar una cantidad de historias de guerra sobre las sentencias que cumplió en prisiones de Texas por robo. Bobby decidió que la llave era una herramienta del oficio familiar, y se escapó temprano una mañana para hacer un asalto en el mercado local. Después de escabullirse en la casa con un montón de botellas de Coca-Cola "calientes" —robadas— en sus manos, su padre lo recibió como si hubiera hecho un home run en un juego de las pequeñas ligas.

Para los Bogles, el crimen realmente corría por la familia.

Para su nuevo proyecto, el periodista del New York Times, ganador del Premio Pulitzer, Fox Butterfield, se propuso encontrar una familia que fuera singularmente familiar con el sistema criminal de justicia. Pero se tropezó con algo más: un clan de seis miembros que están actualmente en prisiones estatales en Oregón y un total de unas 60 personas que habían estado en la cárcel o en prisión o en libertad condicional o en libertad vigilada que databan a los años 20. En el libro resultante, In My Father's House: A New View of How Crime Runs in the Family, Butterfield rastreó a varios miembros de los Bogles en prisión y fuera de ella, persuadiéndolos para contar sus historias mientras exploraba los factores que contribuyeron a sus excesivos encuentros con la ley. VICE habló con él para descubrir lo que significa todo en tiempos de las políticas resurgentes de "ley y orden".

VICE: ¿Por qué enfocarse en el rol de la familia en el crimen dada la abundancia de investigación que evidencia que factores de contexto como la pobreza son tan centrales en este tipo de casos?
Fox Butterfield: [Lo que] realmente atrapó mi interés fueron los estudios que se han hecho en Estados Unidos y en Londres que investigan cómo el crimen tiende a correr por las familias. Tendemos a no escribir más sobre el crimen blanco en Estados Unidos; se concentra fuertemente en los negros. Quería encontrar una familia blanca para intentar sacar a la raza de la ecuación. Aunque estos estudios han existido por algunos años, nadie nunca hizo realmente nada con la investigación. Nadie fue a buscar y ver por qué la familia se comporta de esa manera.

¿Crees que los estudios sobre cómo la familia puede ser un factor en el crimen no son bien conocidos?
Cuando hablé con algunos criminólogos sobre ello, sentían que muchos criminólogos estadounidenses están casi asustados de enfocarse en la familia como una causa del crimen porque, hasta muy recientemente, uno hubiera sido acusado de ser un racista si sugería que había una conexión familiar o una conexión biológica o genética con el crimen. Muchos de los criminólogos buscaron en otras direcciones. Buscaron en barrios malos, pobreza, pandillas, y drogas. La familia fue ignorada incluso cuando estos estudios estaban ahí. Cuando vi lo extensos que eran los estudios, aproveché la oportunidad.

Entonces, ¿tu objetivo con el libro fue más exposición en la criminología o la historia familiar de los Bogle?
Intenta ser una mezcla de ambas. La base intelectual o los antecedentes del libro todos fueron estudios que tienen estadísticas mostrando cómo el crimen corre por las familias. Esa es la estructura para el libro, pero de igual forma, las historias de los Bogles son la carne y el hueso del libro. Espero que sea una manera exitosa de combinar ambas cosas.

Dados los peligros que implicarían condenar a las personas en virtud de su origen, ¿cuáles conclusiones cree que son valiosas acerca de una familia como los Bogles, además del número de ellos que quebraron la ley?
Al hablar con los miembros de la familia Bogle, todos me dijeron desde un principio que cuando eran muy jóvenes, su padre y su madre y a veces sus tías y tíos, miembros mayores de la familia, los sacaban a cometer crímenes con ellos. Aprendían a cometer crímenes como parte de la actividad familiar. Es lo que hacían. Rooster Bogle llevaba a sus hijos más o menos una vez a la semana a visitar una prisión cerca de Salem, Oregón, donde vivían, una asombrosa y grande prisión en las afueras de la ciudad, y señalaba a la prisión y decía, "Miren con cuidado, chicos, porque cuando crezcan, es aquí donde van a vivir".

Ellos no tomaron eso como una advertencia. Lo tomaron como un desafío, y se imaginaron que eso era lo que se suponía debían hacer.

Terminaron viendo el ser criminal como algo honorable en su familia. A los criminólogos les gusta llamarlo la teoría del aprendizaje social. Es un proceso de imitación. Mirando un poco más profundamente, vi lo que los criminólogos denominan como control social, lo que significa que no tenían muchas relaciones fuertes. No tenían ningún vínculo social. No tenían conexiones con maestros y no estaban en los Boy Scouts. No jugaban en ningún equipo de las pequeñas ligas. No iban a la iglesia los domingos ni a ninguna escuela los fines de semana, o nada parecido. No pertenecían a ningún otro grupo social y les hacía falta otro tipo de ejemplos para las actividades además de su familia. Sus únicos vínculos eran con miembros de su propia familia, quienes ya se estaban convirtiendo en criminales.

¿Cómo te mantuviste al margen de conclusiones peligrosas sobre la genética y el crimen?
Comencé a interesarme en el rol que podría jugar la genética en esto porque, desde la decodificación del genoma humano, ahora es posible para los criminólogos comenzar a hablar acerca del posible rol de la genética en el crimen. Eso era realmente imposible de hacer hasta hace recientemente, porque si uno sugería que la biología o los genes tenían un rol en el crimen, era etiquetado como un racista o un nazi. Pero ahora existen criminólogos que están trabajando en esto y descubriendo algunos genes que, en combinación con el contexto familiar como el de los Bogles, pueden predisponerlo a uno hacia cierto tipo de comportamiento.

Por supuesto, el interesante es el gen que puede hacer a las personas más impulsivas, lo que no los convierte necesariamente en criminales, pero es usualmente un precursor para la actividad criminal. Yo exploré eso, pero no soy un genetista. No soy un científico, así que no puedo ir muy lejos con eso. Existe trabajo interesante que se está comenzando a realizar en el campo de la genética, pero las personas que están haciendo el trabajo son muy cuidadosas en decir que no existe algo como el gen del crimen. Hay miles de estos genes y es la combinación de ciertos genes con un contexto familiar como el de los Bogles; uno necesita tenerlos a ambos, el contexto y el gen.

¿No te preocupas de que tus ideas acerca del crimen corriendo en la familia podrían ser vistas o interpretadas en una forma problemática en este momento de las políticas anti crimen al estilo de Donald Trump?
Bueno, yo he renunciado a intentar predecir lo que Trump podría hacer. Espero que el libro sea capaz de sostenerse por sí solo y no se meta en un debate entre la izquierda y la derecha o los que están a favor de Trump o los anti-Trump. No intento sugerir que ciertas familias están condenadas por su herencia innata y nunca serán capaces de cambiar, porque veo que algunas personas sí cambian. Pero creo podríamos tener un sistema criminal de justicia más eficiente si fuéramos más conscientes de cómo el crimen corre por las familias. Podríamos intentar trabajar con las personas que son miembros de esas familias mientras son jóvenes. Entre más temprano uno le llegue a las personas para cambiar su comportamiento, es más sencillo. Después de un tiempo, casi que se vuelve inherente.

Yo estuve en prisión y sé un poco sobre lo que las personas llaman la mentalidad criminal o del convicto. Pero, ¿cómo crees que esa mentalidad sobrevivió en una unidad familiar como los Bogles a lo largo de múltiples generaciones?
Ese tipo de mentalidad de la que hablas se estableció en su familia. Ellos protegían algunas de esas cosas, esas tradiciones y esa perspectiva mental. Se sentían orgullosos de esa mentalidad. Rooster le regaló unos tatuajes pequeños a sus hijos. Realmente son puntos en la mejilla izquierda, justo abajo del ojo izquierdo de cada uno de sus hijos. Les dijo que era una marca gitana, pero en realidad era una marca que los convictos usaban en las prisiones federales estatales en los años 50 y los 60. No creo que sea transmitida, pero en ese momento era bastante generalizada.

Parece que no era únicamente una cuestión de supervivencia, sino casi de orgullo, y de rechazar activamente los valores de la sociedad.
De alguna forma se convierte en parte de la identidad familiar. Es en lo que creen. Los Bogles también eran muy de clan. Se juntaban con ellos mismos, no tenían muchos otros amigos y no le permitían a sus hijos jugar con los hijos de otras familias. Solo jugaban con sus familiares, y ese era otro factor en su historia. No querían que otras personas supieran cómo eran sus vidas, así que dejaron a los chicos crecer donde la familia sabía cómo eran sus padres o sus tías y tíos, y abuelos y abuelas, y no sabían mucho acerca de otra gente. Así que ser aislados del resto de la sociedad era un factor.

Distanciándonos un poco del tema, ¿crees que esta historia trata más sobre la pobreza o la falta de oportunidades, o que esta vista del mundo única es heredada? ¿Es una elección imposible?
Yo he luchado con esa pregunta. Los Bogles son una familia blanca desfavorecida. No tienen el problema al que se enfrentan los afroamericanos de tener piel oscura y sufrir los prejuicios de la gente. Pero tienen esta forma de ver el mundo por la que piensan que lo que mejor hacen es cometer crímenes, y sienten honor en cometerlos. Para ellos, es una cuestión cultural.

No es por criticar ese punto, pero ¿uno cómo evita estigmatizar a personas con este tipo de trabajo, o impulsar la idea de que están condenados por su sangre o algo parecido?
Yo doy atención a las personas que fueron capaces de liberarse de esto. Tammie Bogle es una persona profundamente religiosa. A pesar de que muchos de sus hermanos y un par de sus hijos se metieron en problemas y terminaron en prisión, su fuerza y su relación con la religión la han ayudado a guiarse por un muy buen camino. Aunque estuvo rodeada de gente que cometía crímenes, Ashley Bogle, decidió desde temprano que no quería dedicarse a eso. No era para ella y se enfocó en estudiar. No creo que las personas estén predestinadas a ir por este camino. Ellas toman decisiones a lo largo de sus vidas. No diría que todos en la familia van a resultar siendo criminales. Hay caminos fuera de ello.

Publicado originalmente en VICE.com