Ilustración por @sinmuchasfotos
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Considerada como una de las bebidas predilectas de los artistas, buscamos sus raíces para comprender su popularidad.

Durante la Belle Époque en París, la musa de los artistas se presentaba en líquido, era de color verde y contaba con una graduación de alcohol de más de 70%. Invitada de honor en fiestas y ateliers, la protagonista especial de los happy hours parisinos, y amada por los más atrevidos, se llama absenta.

Durante 1830, en los gloriosos días de la revolución francesa, las tropas francas eran tratadas con absenta para deshacerse de enfermedades que los atacaban, como, por ejemplo, malaria. La mezclaban con vino para hacerla más bebible y deliciosa, a tal punto que se encariñaron tanto con la bebida que además de curarlos, les proporcionaba un gran viaje. Esta hermosa costumbre se la llevaron de vuelta a casa y los más pobres, celebraban con el líquido verde que, en ese entonces, era lo más económico.

Absenta 101

Este poderoso licor está compuesto de tres ingredientes: artemisa o ajenjo, flores de hinojo y anís, combinación llamada por los conocedores "La Santísima Trinidad". Su color verde al que grandes artistas le han escrito poemas y pintado cuadros, es dado por colorantes añadidos o por la clorofila del ajenjo, pero también existen absentas de color azul y blanco. Al destilarse, "La Santísima Trinidad" resulta en una disolución incolora que posee una concentración de alcohol cerca de 72%, bastante amarga y espesa al contacto con el agua (de esto hablamos luego). Se dice que su nombre deriva de Absinthion, palabra griega que se traduce como "intomable".

El éxito de la absenta en Francia se debe, en mucho, a que es una bebida con suerte: en la década de 1870, ocurrieron devastaciones en muchísimos viñedos causados por una plaga llamada phylloxera. La baja producción de vinos convirtió a esta bebida en un lujo exclusivo para los ricos y la absenta se popularizó en el pueblo, y por supuesto, en la escena artística.

“Los bebedores de Absenta” de Raffaelli Jean Francois
“Los bebedores de Absenta” de Raffaelli Jean Francois

Definiendo el Arte

En la búsqueda de ideas exquisitas, la absenta llegó para cambiar La Belle Époque. Este elixir verde al que muchos se entregaron ayudó a darle forma a movimientos como el simbolismo, surrealismo, modernismo, impresionismo, post impresionismo y cubismo. Artistas como Édouard Manet, Arthur Rimbaud, Henri de Toulouse-Lautrec, Charles Baudelaire, Vincent Van Gogh y Oscar Wilde, eran bebedores de absenta por excelencia. Solían echar el trago hasta ver a la mismísima diosa verde todos los días, y mientras algunos lo usaban de manera recreacional, ellos vivían por y para la absenta, y sus obras lo demuestran.

Además de llevar a los creativos a un estado mental increíble, los seducía su color y su textura. Al dejar caer el agua y que ésta en su recorrido, pasase por el cubo de azúcar puesto en la cuchara especial, se produce en la absenta una reacción química que lo convierte en un espeso humo verde, denso como sus efectos y seductor como su bonita textura.

La Obsesión de Toulouse-Lautrec

Los males de Toulouse Lautrec empezaron antes de nacer en cuna de oro, cuando su padre Alphonse Charles conde de Toulouse-Lautrec-Monfa y su esposa Adèle Zoë Tapié de Céleyran contrajeron matrimonio y tuvieron al pintor, siendo primos de primer grado (sus abuelas eran hermanas), esto para mantener dentro de la familia aristócrata la riqueza, propiedades y demás bienes. Esto provocó que Henri de Toulouse-Lautrec sufriera de enfermedades congénitas y problemas en los huesos. Cuando era niño, se fracturó el fémur de ambas piernas, hecho que le impidió crecer alcanzando a medir únicamente 1,52 cm, además de no poder practicar ningún deporte, como la mayoría de los niños de su edad. Su padecer lo llevó a enfocarse en el arte, el dibujo y la creación, mostrando un gran talento desde pequeño.

“Jane Avril” de Henri de Toulouse-Lautrec
“Jane Avril” de Henri de Toulouse-Lautrec

Años después, y ya viviendo en París, fue rechazado de los grupos aristocráticos a los que sí pertenecía, y se refugió en la bohemiedad de Montmartre donde, a pesar de su condición pasaba desapercibido, y eso le gustaba. Siempre lo cautivó la noche, el malvivir, la prostitución, los bares y, por supuesto, el alcohol. A diferencia de muchos, Toulouse-Lautrec se entregó a la absenta y al malditismo como un estilo de vida. Le gustaba encontrar belleza en lo feo y en lo oscuro, y su obra compuesta por pinturas, afiches para bares, ilustraciones y publicidad, lo demuestra. La absenta le da forma a su trazo y la podemos ver presente en muchas de sus piezas y en el color verde, uno de los que más usaba y quizás de sus favoritos. Algunos lo atribuyen a la elegancia, riqueza y serenidad, pero otros creen que significa corrupción, depravación y obscenidad. Sea cual sea la razón, Lautrec era profundamente seducido por el color verde de su bebida favorita, por las alucinaciones del hada verde y por las visiones que esta le proporcionaba. Dicen por ahí que tenía un bastón con un depósito especial para su elixir favorito.

Pintura de Henri de Toulouse-Lautrec
Pintura de Henri de Toulouse-Lautrec

A este pequeño le gustaba la buena comida, la buena bebida y la vida nocturna parisina. Era catalogado como un bartender increíble, y por supuesto, tenía una preparación especial que lo caracterizaba: se llamaba Maiden's Blush y era la mezcla de absenta, bíter, vino tinto y champaña. Una bomba atómica.

Su alcoholismo lo llevó a condiciones deplorables, internados mentales y a la muerte con 36 años.

La absenta es para los artistas

Algún poeta contemporáneo dijo "la cerveza y el whisky es para tontos, la absenta es para los poetas". Paul Verlaine escribió una obsesión dedicada y titulada Absinthia Taetra, Baudelaire lo cataloga más poderoso que el opio y el vino en su poema "Veneno" presente en Las Flores del Mal, Picasso le hizo una escultura y varias pinturas, Ernest Hemingway lo incluyó en El Sol también sale, Por quién doblan las campanas, y Muerte en la tarde, y Édouard Manet pintó a Collardet, un alcohólico ebrio de absenta y protagonista de su cuadro El bebedor de Absenta. Es decir, además de llevarlos a la musa, era la musa.

Pintura de Henri de Toulouse-Lautrec
Pintura de Henri de Toulouse-Lautrec

Obviamente, les encantaba mezclar para volverse locos. Rimbaud lo combinaba con hachís y Baudelaire con láudano (tintura alcohólica de opio), mientras que Hemingway lo probó en su presentación clásica: agua, un cubo de azúcar y absenta.

Las consecuencias

Muchos encontraron la inspiración en este líquido, pero el precio que pagaron fue caro. Acabó con la vida de muchos genios, los llevó a la locura y obsesión, e inclusive, a trastornos. Quizás la absenta haya tenido que ver con la decisión que tomó Van Gogh de cortarse la oreja, llevó a la locura a Verlaine, acabó con Toulouse-Lautrec y la culparon de llenar las cárceles y los psiquiátricos de París, hasta que el 1915 fue prohibida en Francia, Suiza, Estados Unidos y gran parte de Europa.

La absenta es una sustancia capaz de llevar la consciencia a donde nunca ha ido, y por ello, muchos la amaban y se obsesionaban con su sabor, con la experiencia, con las alucinaciones y con las visiones capaces de causar desmayos y comportamientos bizarros, eran precisamente sus efectos lo que cautivó a tantos que la convirtieron en casi su razón de ser. El vicio de la absenta le dio forma al arte de un país y a la muerte de grandes, pero también los llevó a sus límites para crear obras maestras.

Actualmente puedes comprar absenta comercial en varias vinaterías, pero más que la receta bohemia, es un guiño turístico a la bebida original.

Publicado originalmente en VICE.com