"Este año vamos a cerrar en 400.000 millones de dólares (de PIB), medido a precios constantes. De 90.000 a 400.000, esto es más de 400% de crecimiento del PIB. Somos una de las más prósperas economías de este continente. Ahora, imagínate en 2019″, decía Hugo Chávez en 2002, en una entrevista concedida en el Palacio de Miraflores al fin de su última campaña electoral.

El presidente se impuso el 7 de octubre de ese año a Henrique Capriles en los comicios presidenciales que le garantizaron un nuevo mandato presidencial. De haberlo completado, habría llegado a cumplir 20 años consecutivos en el poder.

Pero Chávez murió meses después de esa entrevista, el 5 de marzo de 2013. Nicolás Maduro, el sucesor que él mismo eligió cuando sabía que le quedaba poco tiempo de vida, fue el encargado de llevar a Venezuela a ese futuro promisorio.

Chávez y Maduro, en una foto de 2007. (Getty Images)
Chávez y Maduro, en una foto de 2007. (Getty Images)

Sin embargo, las cosas no salieron como las tenía planeadas el líder de la Revolución Bolivariana. Para empezar, según los datos del Fondo Monetario Internacional, el PIB venezolano en 2012 ascendía a 331.000 millones de dólares, no a 400.000. Pero esa diferencia es menor frente a lo que sucedió en los años siguientes: en un derrumbe propio de un país en guerra, el PIB se contrajo más de un 70%, hasta los 87.000 millones de dólares estimados por el FMI en la actualidad.

Esa no fue la única profecía incumplida. "En 2014, primero, estaremos produciendo 4 millones de barriles de petróleo. En 2019 estaremos en 6 millones de barriles. En 2016 seremos la primera potencia petroquímica de este continente".

Venezuela no sólo está hoy muy lejos de ser una potencia energética. Apenas si puede bombear petróleo. La producción, que en 2012 era de 3 millones de barriles por día, cayó a 2,8 millones en 2014 y a 1 millón en 2019.

Hugo Chavez en Caracas, el 05 de julio de 2003 (AFP PHOTO/ Andrew ALVAREZ)
Hugo Chavez en Caracas, el 05 de julio de 2003 (AFP PHOTO/ Andrew ALVAREZ)

Chávez se refirió también a los alimentos, que siempre fueron un problema por la excesiva dependencia del exterior. "En 2019 tendremos soberanía alimentaria. Nosotros hoy estamos importando, si excluimos el trigo, que no se produce aquí, 20% de los alimentos que consumimos. Pero hay que llegar a 100% (de producción)".

Hablar de soberanía alimentaria en la Venezuela actual sería casi una broma de mal gusto. El país redujo la importación de comida, pero porque se quedó sin dólares para pagarla —como consecuencia del derrumbe petrolero—. Y no la reemplazó por producción local, sino por hambre.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), realizada por las universidades más prestigiosas del país, reveló en 2018 que el 64% de los venezolanos bajaron en promedio 11 kilos en un año por la falta de comida. Con una hiperinflación de 1.600.000%, a la gran mayoría de la población no le alcanza el dinero para sus gastos más elementales.

Hugo Chávez y Nicolas Maduro
Hugo Chávez y Nicolas Maduro

Es una de las razones centrales por las que cada vez más personas eligen el éxodo. Más de 3,4 millones de ciudadanos se fueron del país en los últimos años, de acuerdo a estadísticas de la Organización Internacional para las Migraciones.

"Yo me emociono cuando veo los próximos seis años. Ahora, todo eso, nosotros lo podremos hacer en el socialismo. Democracia", decía Chávez al final de la entrevista.

En eso no se equivocó. El socialismo se profundizó. Lo que se esfumó es la democracia. Tras unas elecciones con los principales líderes y partidos opositores proscritos, y sin ningún control externo, Maduro asumió el 10 de enero un mandato presidencial que es desconocido por la Asamblea Nacional y por 50 países, entre ellos, todos sus vecinos. En la Venezuela de hoy, casi nadie se anima a hablar del futuro.

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