El Air Force One aterrizó en Jerusalén y una impresionante comitiva esperaba al presidente de los Estados Unidos. El primer ministro Benjamin Netanyahu fue el encargado de darle la bienvenida de parte del Gobierno israelí a su par norteamericano, Donald Trump. Para ello dispuso que el recibimiento fuera único: una guardia de honor, una extensa alfrombra roja y su cálido saludo.

El estadounidense —tras un corto viaje proveniente de Arabia Saudita— caminó el centenar de metros que separaban la aeronave de su automóvil oficial junto a su esposa, Melania Trump. No iban de la mano, hasta que el jefe de la Casa Blanca percibió su descuido; de modo que extendió la suya, tratando de encontrar la de la primera dama. Sin embargo, como respuesta obtuvo un gesto inesperado: no sólo no se la tomó, sino que además pareció estar ofendida o enojada con el presidente.

La relación entre ambos es motivo de múltiples especulaciones en la prensa norteamericana. Melania es la tercera esposa del mandatario, con quien tienen un hijo, Barron.

La reacción de Melania generó todo tipo de comentarios en las redes sociales. "Ella comenzó a mostrar más clase que Theresa May", señaló un usuario de Twitter identificado como Jack Jazz.

"¡Muchas risas! No molesten a la primera dama", escribió en su perfil Ilmucha.

Greg Roch, otro de los seguidores del presidente, se mostró dolido por la situación: "¡Wow!… qué triste", publicó en su cuenta.

Trump inició este sábado su primera gira internacional como mandatario norteamericano. Su viaje incluye una visita a Arabia Saudita —ya finalizada—, a Israel y al Vaticano. En su primer destino, instó a los líderes musulmanes a contribuir a poner fin al terrorismo islámico y a evitar la expansión iraní. El viaje a Jerusalén, en cambio, significa un gran respaldo al Estado israelí.

El mayor de los focos estará puesto en su encuentro con el papa Francisco, con quien en el pasado tuvo algún contrapunto, producto de las declaraciones que durante la campaña presidencial había hecho el Sumo Pontífice. El año pasado había dicho que no era de "cristiano" levantar muros que separen y que él prefería construir puentes.

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